miércoles, 2 de octubre de 2013

El precio de soñar

Cuesta soñar el amor
cuesta soñar el dolor
cuesta escuchar nuestra voz
cuesta admirar la razón.

Es que nacemos despiertos;
retrocediendo al soñar
al vientre de la vida
sin saber del despertar.

Al desfallecer el alma
cuando hace falta soñar
se hacen largos los días
poco sirve descansar.

No sueña quien tiene ganas
sueña quien sabe soñar
trascendiendo su existencia
entendiendo la verdad.

Todo cuesta al soñador,
a él no le importa luchar
hace tan grande su sueño;
sin medir las consecuencias
a él no le importa pagar.


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