miércoles, 30 de octubre de 2013

Pernoctando

Llegué cansado al bar
con el cuerpo taciturno
una copa llena de deudas
y una sed de desazón.

En cada trago lo amargo
la sinceridad del día
el rencor del corazón
y ese adiós en la garganta.

Solo es fiel el cantinero
humano único sin prejuicios
sin más vicios que servir
y un oído que prestar.

Yo con mil ruinas por decir
una larga noche sin hablar
mientras recorro botellas
pensando en mañana regresar.


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