domingo, 15 de septiembre de 2013

Un paseo por Roma

La calidez de sus manos
el reflejo de la luna en su piel
su voz, una caricia, rústica, suave
amante misteriosa de los pasos.

Atravesamos el océano
Rómulo nos hacía sombra
siendo extranjero en mi lugar
tiempo de recorrer la plaza.

Ya no tengo palabras
regreso a ti cada otoño
una moneda en tu fuente
dueña de mi destino.

Quien tuviera el valor
de pie en la arena de tu centro
protegido por un coloso
hoy dueño de los flashes.

Siempre prometo será la última
el andar cansino me delata
los huesos piden la pausa
insisto en la vista de San Pedro.

Eres y serás la atracción de mi calma
yo no he pisado tus huellas
sin embargo te conozco, bella,
ciudad eterna en mi pensamiento.


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